Grandeza o superioridad

¿Me siento grande o superior?… Es un cuestionamiento que surge ante la violencia que predomina en cada rincón. Todo esto ocurre quizás, porque la humanidad, desconoce o confunde los conceptos de grandeza y superioridad.

 

Ante un grito, se responde gritando cada vez más, a tal punto que ninguno logra escuchar nada, solo gritar y ofender con palabras, porque se cree que gana quien más grite, hiera o destruya; se siente superior el que pegue mas fuerte o rompa más; lo que no saben es, que es realmente grande, el que desde el principio evita la discusión, callando y esperando que los ánimos se calmen para dialogar, solucionar, sanar, desagraviar y buscar una salida mejor, donde no existan perdedores sino ganadores en el amor.

 

Qué equivocados están aquellos que piensan que la venganza les ayuda a defender su  dignidad; más aún, los que educan a sus niños diciéndoles que ante un golpe que reciban, no se queden como idiotas, sino que devuelvan a cambio un golpe más fuerte, porque eso les da superioridad. sin darse cuenta, están educando para la guerra y la violencia; y no para la fraternidad y la paz. Hay quienes

expresan: "A mi me criaron con golpes y no me enloquecí, me hicieron más fuerte y por eso he llegado hasta aquí". No será quizás que se ha podido llegar pasando por encima de cualquiera, respondiendo con violencia, inspirando miedo más que respeto, opacando el sentimiento de grandeza y fortaleciendo en sí mismo el de superioridad, lo que le hace realmente pequeño ante los que humildemente se han sabido ganar un lugar.

 

La grandeza es sinónimo de nobleza, honor, gloria, esplendor y dignidad; en contraste, la superioridad es supremacía, preponderancia, predominio, descuello, prepotencia y hegemonía. existen grandes diferencias entre ambas, porque es ciertamente grande aquel que sabe indultar, busca curar las heridas, prefiere construir, reparar. ser grande es saber realmente amar y perdonar; es también aprender a escuchar, hablar sin gritar, actuar sin herir, dar ese primer paso para la reconciliación, aunque nos hayan ofendido primero, en ello está el ser nobles, dignos y sobre todo semejantes a nuestro Creador, en el verdadero amor.

 

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