si no es feliz…

 Si usted no es feliz, cambie de vida.  No lo piense más, no se detenga.

 Es  tiempo de hacer un recuento si somos lo que queríamos ser, sí nos hemos convertido  en  lo que soñamos.  Nadie tendría que conformarse con una vida que  no  le  satisface, que no le provoque el deseo de despertar.

 Una  vida gris,  mediocre,  sumergida  en  la  amargura,  en  las  exigencias o en  la decepción.

 

 Es  responsabilidad  de  cada ser humano hacerse cargo de su felicidad.

 Si usted no es feliz, cambie.  Cambie de vida, rompa la rutina que lo encadena a  un  hastío  que  ensombrece,  que  no  le  permite desarrollar  toda  su potencialidad,  ni resurgir a un mundo que es maravilloso.

 Cambie de carro,  de  trabajo,  de  casa;  frecuente  más a sus amigos; inscríbase en cursos, imparta clases; ofrézcase a realizar ayuda comunitaria.

 

 Busque  apoyo  con un profesional y si no funciona, con otros.

 Acérquese a los  marginados,  que  no necesariamente son, como muchos creen, los que no tienen  recursos.    Aumente sus amistades, haga recesos en periodos en los que  nunca  los ha hecho, tome vacaciones aunque sea por horas dentro de su casa;  dese tiempo para escuchar a los que ama, para reconocer sus rostros, observe  cómo  han  cambiado, crecido, madurado; atrévase a decirles lo que siente por ellos.

 

 Si  no  es feliz, no culpe a la enfermedad, la pobreza, la muerte de un ser querido,  la  vejez  o  a  la  adversidad.   De  alguna  manera todos hemos atravesado,  o  lo  haremos,  por  estos estadios.  Pero la forma en que se hace,  marca la diferencia entre vivir en depresión o convertir cada día en una  aventura,  un  nuevo  reto,  que  se  puede enfrentar ahora, con mayor madurez  y  experiencia.   Si  no  es  feliz,  haga algo, muévase o

 deje de hacerlo; simplemente, cambie.

 

 Abrase a la posibilidad de amar nuevamente.

 Deje  de quejarse y decir lo que le duele o empiece por hacerlo sí nunca lo ha hecho.

 

 ¿Qué  significa  ser  feliz? Algunos piensan que acumular bienes, un carro, una  casa,  la acción de un club; "poseer "una pareja y unos descendientes.

 Contar con un negocio o un buen puesto en una empresa.  Portar una etiqueta de prestigio que hable sobre su posición social.

 

 Pero  ser  feliz;  esto  es,  experimentar  un  estado de satisfacción, paz interior y bienestar, esta lejos de esto.  El estado de ánimo, aquel que se muestra  cotidianamente  en  soledad  y con quienes nos rodean, es el mejor indicador de lo que pasa en el interior de cada quien.

 

 Ser  el  simpático  de  las  reuniones,  el  de  los  chistes  o  el mejor conversador,  pudiera  ser  sólo  una forma de autoengaño.

 Mostrarse en el trabajo como una persona servicial, entusiasta o responsable, no dice mucho sobre  lo  que  se  encuentra  secreto  en  cada ser.  Pero vivir gruñendo, quejándose  de todo, sintiéndose víctima e incomprendido por los otros, son también  señales  de alerta que deben ser escuchadas por las voces que cada uno lleva dentro.

 

 Formar  una  familia,  esforzarse por ella, luchar por sostenerla, para que con  el  paso del tiempo cada vez que sus miembros se pongan en contacto se inicie  un  pleito, es lamentable.  habrían de aprovecharse los momentos en que  están  juntos,  para  intercambiar  vivencias, para abrir el corazón e intentar   conocerse  y  amarse  mejor,  y  no  para  proferir reclamos e insatisfacciones,  o  para  crear  silencios  sepulcrales,  que  hieren de gravedad  por  la  indiferencia  y  apatía,  lacerando  de muerte a los que deberían amarse.

 

 Acudir  al  trabajo  para  tratar  o  hablar  mal  de  los  compañeros, los subordinados  o  los  clientes, es hacerse daño asimismo.  Es quitarle un peldaño  al  crecimiento  que  pudiera  tener la empresa y por lo tanto, un escalafón al desarrollo propio.

 

 Salir   con   los  amigos  y  orientar  la  conversación  sobre  áreas que anticipadamente  se  saben escabrosas para alguien intentando lastimarlo, o escudarse  en  el  grupo para sacar a colación temas en los que se tiene un punto  de  vista  intransigente,  tan  sólo para iniciar una discusión, para exhibir  o  poner  a prueba posibles contrincantes, para tener

 motivos para acalorarse o sacar coraje acumulado, es una actitud lastimosa.

 

 Concentrarse  demasiado en lo que alguien dijo o dejó de decir, hizo o dejó de hacer, o en los defectos o torpezas que a nuestro juicio poseen nuestros amigos, es tarea inútil, es tiempo desperdiciado, es vivir en la amargura.

 

 Hay  que  hacer  un  recuento  de  las heridas, de los desperfectos, de las ruinas por las que hemos atravesado, hemos provocado o en las que nos hemos convertido.

 

 Es fácil descubrir si se es feliz, si se posee la felicidad.

 Revise  diariamente cuántas sonrisas brinda, cuantos pares de ojos mira con atención, cuantas palabras de apoyo o de estima surgen de su boca y cuántas dichas por los otros son recibidas con atención por sus oídos.

 

 Pregúntese  hace  cuanto no escucha música, no lee un libro, no observa una obra  de  arte o no ríe a carcajadas.  Hace cuánto que no goza de una larga conversación  con  un  amigo, en la que los pendientes y las prisas pasan a segundo  plano.   Hace  cuánto  que  no  se siente comprendido, escuchado y necesitado por alguien.

 

 Cuánto  ha  pasado  sin  que  se levante a bailar tan sólo por el placer de seguir  el  ritmo  de  una pieza; cuánto que no ha hecho algo admirable por alguien,  que  no  brinda  o  recibe  un  abrazo  cálido,  largo y sincero.

 Cuestiónese cuánta gente es verdaderamente importante para usted, cuánto de su tiempo les concede, cuánto de su interior y de su bondad les comparte.

 

 Pregúntese, si ha logrado convertirse en una persona necesitada, admirada y amada  por  alguien.   Habría  que  buscar en el interior de uno mismo para descubrir  la verdad, retomar esa voz de la conciencia que ha sido acallada con  el  estridente  ruido  que  provoca  la  lucha  diaria  por subsistir, competir, destacar.

 

 Habría  que  explorar los motivos por los que se han traicionado los sueños de  la  adolescencia,  esos que alguna vez le dieron fuerza suficiente para sostenerse  en  pie, para creer, para crecer.  Habría que profundizar en lo más  secreto  del  alma  y  responder  con honestidad, por qué ha terminado aceptando relaciones tan distintas, tan ajenas a las que alguna vez se tuvo la esperanza y se ambicionó con conquistar.

 

 Habría  que  perseguir  hasta  encontrar  la  verdad y descubrir por qué el rostro  que  refleja  el  espejo  no  muestra  a  quien  creemos que somos; entenderemos por qué los otros no pueden percibirnos ni comprendernos.

 

 Habría  que  hacer  hoy  mismo  un  exhaustivo recuento, un inventario y si descubre que no es feliz, no lo piense más, atrévase y cambie.

 

salu2!

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Una respuesta a si no es feliz…

  1. Hugo Samuel dijo:

    es un buen texto sin duda, interesante de hecho lo mas seguro es que si haya algunos cambios,
     
    un saludo
     
    eber

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